Teniendo en cuenta la juventud de la Internet, la inversión en dominios es una alternativa de inversión recién nacida, en comparación con otros sectores con los que a menudo se le compara, como son la Bolsa y el Mercado Inmobiliario.
Como veremos más adelante, existen similitudes entre los tres mercados, pero hay que matizar, cada mercado es diferente, y no debemos guiarnos por las mismas reglas a la hora de invertir en uno u otro. Además, el mercado de los dominios no es un mercado global, aunque así lo pueda parecer, y hay que hacer distinciones en cuanto a idiomas, países, sectores, etc.
Las tendencias juegan un papel importante, pero no siempre son determinantes. La Internet es un organismo vivo, con una enorme capacidad de crecimiento y regeneración. Por eso existen pocos dogmas, a pesar de que muchas veces quieren que así lo creamos.
Básicamente, la Red se mueve atendiendo a los principios generales del sentido común, por lo que no debería ser tan difícil anticiparnos a lo que va a ocurrir. La inversión en dominios constituye una inversión más. Es una inversión alternativa, novedosa, atractiva por su alta rentabilidad y porque no precisa apenas ninguna dedicación. De hecho, el acto de registrar un dominio sólo obliga a la renovación anual, si queremos seguir manteniendo su titularidad, y esa pequeña molestia también nos la podemos ahorrar, ampliando las renovaciones de nuestros dominios por periodos más largos de tiempo: dos, cinco, diez años, o incluso más.
En el año 1998, empezamos a interesarnos por el mercado de los dominios. En aquella época, la compañía estadounidense Network Solutions tenía el monopolio del registro de dominios. El coste de registro era de unos 80 dólares por dominio, bastante más que ahora. Te enviaban a tu domicilio los contratos y otra documentación por correo convencional. Algo impensable hoy en día. En estos últimos años, el registro de dominios se ha disparado de forma exponencial.
Mucha gente cree que va a dar el pelotazo del año, vendiendo el dominio “X”, que tan astutamente han sabido registrar. Lamentablemente, esto no suele ocurrir, salvo en contadísimas ocasiones, tan raras que pueden equipararse a las probabilidades de ganar en los juegos de azar. Actualmente el mercado de los dominios está tan saturado de aficionados, buscadores de fortuna y adolescentes soñadores, que es dificilísimo encontrar dominios libres interesantes para registrar.
Aunque existen excepciones: hace unos meses, en una búsqueda rutinaria, pudimos comprobar atónitos cómo un importante país africano había quedado libre en su extensión .com . Fueron dos minutos de intensa adrenalina, los necesarios para introducir los datos y registrar ese preciado dominio.
Claro que esto es una excepción verdaderamente excepcional. Hoy en día hay miles de ojos en todo el mundo monitorizando los dominios que están a punto de caducar. Existen muchas herramientas diseñadas para automatizar estos procesos, y es difícil que se escape ninguna presa.
De forma que, si no estabas en los últimos años de la década de los 90 buscando buenos dominios para registrar, lo más probable es que no hayas conseguido gran cosa. Aunque hay excepciones, claro está, y una de ellas la constituyen los dominios IDN, de los que hablaremos más adelante.
Los recién llegados al mundo de los dominios tienen la frecuente tendencia a registrar compulsivamente todo lo que se les pasa por la cabeza, fantaseando con ventas millonarias y desarrollos espectaculares. Siempre digo que el principal enemigo de un domainer es la dispersión. La personalidad de muchos domainers y sus comportamientos suelen coincidir con la de los diletantes.
No cabe duda de que es mejor dedicar nuestro presupuesto a comprar un dominio bueno, que a repartir nuestra inversión entre doscientos malos. El dominio bueno nunca perderá su valor, bien al contrario, su valor aumentará a medida que el volumen de negocio y usuarios aumenten en Internet.
Además, siempre podremos desarrollar dicho dominio con mejores expectativas de éxito. Estos dominios, que como el sexo de los ángeles, crean tanta controversia a la hora de ser definidos, son los denominados PREMIUM.
Para un domainer, decidir si un dominio es premium, o no, es algo sencillo: si tienes que pararte a pensar si un dominio es premium, significa que no lo es.
A veces es difícil que alguien asimile esta idea. A nadie le gusta que le digan que sus dominios son mediocres, o malos. Pero es la realidad, en la mayoría de las ocasiones. Por supuesto, todo hay que matizarlo.
La valoración de un dominio depende de muchos factores. Estos factores varían de forma constante, aunque algunos se mantienen inalterables. Por eso las listas de criterios de valoración que circulan en numerosas páginas web, son relativamente eficaces, ya que son fruto del copy-pegui indiscriminado, y no se actualizan.
La Internet está constántemente cambiando, y es lógico que los criterios de valoración de los dominios sufran la influencia de dicho dinamismo.